Es habitual encontrar recomendaciones para limpiar el plástico que incluyen productos como lejía, pero estos pueden dañar la superficie de plástico o dejarla porosa, lo que agrava el problema a largo plazo. Hay también remedios caseros que incluyen al bicarbonato, el agua oxigenada o el vinagre, pero su efectividad no es muy alta y a veces conseguimos el efecto contrario, que es que en lugar de arreglar el amarillento, lo empeoramos, o nos comemos el color original.
También si se usan instrumentos abrasivos o estropajos duros, se puede raya el material, empeorando su apariencia.